Una figura de la Santa Muerte suele presentarse envuelta en un aura de silencio y misterio. Espiritualmente, se percibe como una presencia serena, sin juicios, que observa al mundo desde la absoluta imparcialidad del tiempo y del destino. Su forma esquelética no simboliza terror, sino verdad desnuda, la esencia humana sin máscaras.
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Su manto
El manto que la cubre es visto como un velo protector, una extensión de su energía que abraza lo que está vivo y lo que está por trascender. Según el color del manto, se asocian vibraciones espirituales distintas:
La Santa Muerte morada irradia una energía profundamente mística y transformadora, como si su presencia envolviera el ambiente en un velo de silencio sagrado.





